Concurso de microrrelatos

Relatos premiados

La magia del miedo

Nadia Bakkali

Hace mucho tiempo, en un país llamado Imagilandia, vivía Nicolás, un dentista que inventó una forma para que los niños no tuvieran miedo al entrar en su consulta. Yordan, un niño de seis años, no quería ir pero, su madre le obligó; así que no tuvo más remedio.
Al entrar en la consulta sin su madre, Yordan cerró los ojos pero, Nicolás, tan simpático como siempre, le dijo:
-¡No tengas miedo, abre los ojos!
-¡Guau, qué chulo!- exclamó Yordan.
Al abrir los ojos, vio que la consulta estaba llena de estrellas, globos, flores flotantes, pequeñas hadas y muchas más cosas; pero lo más impresionante era que... ¡Ellos también volaban!, aunque sin alas, flotaban sobre un fondo azul con un suelo transparente. Nicolás le dijo que entrara por un agujero grande e iluminado, Yordan entró.
Al otro lado había una mariposa mágica, que convirtió, la habitación vacía, en una sala llena de objetos de dentista. Yordan se tumbó en el sillón y la mariposa dijo:
-¡Tirín, tirán, que el empaste de Yordan se termine ya!
Y así fue, el empaste duró un instante. Nicolás le guiñó el ojo y Yordan guardó el secreto.

Los vagabundos y el niño

Gorka Fernández

Una vez, un niño rubio iba paseando. Vestía con un chándal azul marino y zapatillas blancas. Era por la noche y regresaba a casa, para ello, tenía que pasar por un callejón oscuro, donde había vagabundos que decían al unísono: “Una monedita, por favor”.
Pero, a pesar de esto, cuenta la leyenda que de cada tres niños que pasaban por allí uno desaparecía. Él había visto pasar a dos niños y él era el tercero. Tenía miedo, porque había perdido el móvil y no podía llamar a sus padres.
Con tan buena suerte, encontró un vagabundo bueno y consiguió pasar el callejón. Cuando entró en su casa se lo contó a sus padres y estos le dijeron que no por ser vagabundo, tiene que ser mala persona y así fue.
A partir de ese momento, entendió que la gente que vive en la calle puede también darte valores.
Colorín colorado salió del callejón sin ser capturado.

La decisión de Noa

Lucía Rubio

En un pueblo pequeño vivía Noa con su familia, el pueblo se encontraba a dos horas de la ciudad. Los habitantes se dedicaban al ganado y la agricultura. En el pueblo también había una panadería y una escuela a la que iban los niños del pueblo. Noa era la más mayor de todas y era muy inteligente porque leía muchos libros.
Sus padres no tenían dinero para enviarla a estudiar fuera, por eso habían decidido que dejase la escuela y se pusiera a trabajar con ellos vendiendo la leche que ordeñaban por los pueblos de al lado. Pero un día mientras estaba trabajando apareció una tía de su madre que era rica y que se había enterado de la inteligencia de Noa: la tía Claret.
Vivía en la ciudad en una mansión y quería llevarse a Noa para darle la mejor educación. Los padres no se opusieron pero ahora le tocaba decir a ella.
Al final se marcho, estudio durante cinco años y no dejo de ir a su pueblo.
Cuando acabó, montó una escuela en su pueblo y daba clase a todos los niños del lugar. Les contaba historias, les enseño que hay veces que hay que sacrificar lo que queremos para tener un futuro mejor.